Heeresgeschichtliches Museum de Viena [1]

El título de esta entrada puede llamar a engaño porque las imágenes muestran sólo parte de lo que contiene este museo. El edificio se construyó exprofeso a mitad del siglo XIX dentro de un proyecto más grande denominado el Arsenal, un complejo militar para guardarse de futuras revoluciones antiabsolutistas como las ocurridas en 1848. A su sombra amenazante, Viena estaría salva. No hay más que ver el grosor de las puertas de la entrada para notar que aquello se planeó más como búnker que como museo.

El viajero se descarrió por el Arsenal gracias a unos carteles que debió de colocar alguien con un sentido de la orientación peculiar. En realidad, todo el museo tiene algo de laberinto donde las salas no siguen el orden que deberían, sino otro arcano, inspirado en el tarot o la cábala y así, hay espacios en el interior del edificio colocados al tres bolillo y otros en el exterior, diseminados en torno al bastión principal. El viajero fue a parar a un museo anejo, al parecer de arte moderno inmersivo-inclusivo, donde unos aburridos jovencitos de coletas alternativas y pose femínea desmayada le indicaron la dirección correcta con un gesto lacio del brazo hacia atrás. Les faltó mascullar “Ah, ese. El de los trastos viejos es ahí”. El viajero, como sabe que Sésamo casi nunca se abre al invocarlo, se metió las manos en los bolsillos y se fue.

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