Una visita a Vicente (reloaded)

Me traigo a esta nueva bitácora una entrada de la otra que me trae buenos recuerdos. La publiqué el 3 de marzo de 2009, tras una visita breve pero muy bien aprovechada a Madrid.

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Una visita a Vicente

 Visita relámpago a los madriles y más breve aún a la tienda de Vicente. La tienda no tiene nombre (al menos visible en la puerta) y se la conoce por el nombre del dueño. Está en la calle Andrés Mellado, próxima a Princesa y la Plaza de España. Cuesta encontrarla porque, además de no tener rótulo, el barrio está lleno de pequeños comercios de todo tipo. El viajero, que no tiene vista de lince pero sí un sentido algo más desarrollado para las imágenes familiares, vislumbra en la acera izquierda un escaparate donde se muestran algunas cajas de Tamiya. No hay duda, allí es.

 Al acercarse, uno comprueba que el escaparate conoció mejores tiempos. Ahora luce polvoriento y destartalado. A mano izquierda algunos reactores a escala 1/72, sin duda terminados a pincel hace mucho, quizá por el propio vendedor. A mano diestra unas pocas cajas de maquetas, varias recientes, puestas de canto mirando al visitante. Ya en la puerta, al fondo se vislumbra una pequeña habitación, una antigua trastienda, donde hay un par de ojos tristes y cansados que miran con curiosidad. No es Vicente, es Chusky, un perro de lanas grisáceo de mediano tamaño que parece salido de la Guerra de Cuba. En la pata izquierda exhibe un vendaje (“Se quemó el pobre, ya es la segunda operación que le han hecho”). Chusky es viejo y por tanto sabe latín perruno. A nada que se da la vuelta Vicente, aprovecha para salirse a la calle, por eso cada dos minutos aproximadamente el dueño pregunta por él a los visitantes: “¿Y Chusky? Ah, vale, está ahí.” Vicente se desvive por el animal y éste se lo paga jugando al toreo de salón. Vicente deja a medias una frase con un comprador, o una venta, y se va a ponerle la manta más adentro, al fondo de la trastienda. “Estáte ahí quieto y no te muevas”. Chusky pone cara de conformidad y se sienta. No tardará mucho en coger la manta, tirar de ella y sacarla de la trastienda para volver a sentarse. A Chusky, que tiene ya galones, no le van a decir dónde se tiene que poner, faltaría más, su sitio está justo enfrente de la puerta, donde él pueda controlar la posición de Vicente y salirse a la próxima vuelta. Así se pasan el día amo y perro, en una especie de ritual de partida de ajedrez con movimientos alternos.

 Vicente le recuerda al viajero algún librero de viejo que conoció en tiempos, pero más joven. Viste vaqueros, jersey y zapatos de punta fina cuadrada, de hace un par de temporadas. Se mueve por la tienda con desenvoltura gracias a que tiene clasificada la mercancía: en la esquina izquierda carros 1/35 y figuras, al lado carros 1/72 y figuras, unos cuantos barcos encima de éstos, un par de estantes bajos y algunas baldas más para los libros, el resto aviones también clasificados por marcas. El centro de la tienda es para los recién llegados aún por clasificar: AZ Models, PST, AModel, Revell, un par de Caribous de Hobbycraft… Hasegawa está de capa caída, un Shimeiwa descolorido por el tiempo se ha escurrido de la balda y está de pie delante de la estantería, parece suplicar un comprador. Al curiosear por las estanterías llenas de polvo, uno comprende que la mercancía ha ido formando estratos sucesivos y así puede encontarar aún viejísimas maquetas en la parte inferior con otras más modernas encima. En el sanctasanctórum de la trastienda, que el viajero ojea de tapadillo, Vicente guarda algunos fotograbados y pegamentos en una vieja vitrina, salida tal vez de la liquidación de una farmacia, y una mesita donde ya está pintando su última maqueta: un camión 1/35 moderno de esos que transportan blindados. Por el estilo, es de los del escaparate.

 El chorreo de clientela no para, aunque nunca excede los límites del breve mostrador. Mientras el viajero curiosea, no puede evitar escuchar al dueño:

 – Ojo con esta maqueta, que es de las caras. ¿Ves? Trae resinas y fotograbados y eso hace que el precio se encarezca mucho. Eso también es cuestión del molde. Hay marcas que te hacen una tirada de 5.000 maquetas, por ejemplo, porque usan moldes de bronce que duran toda la vida y así salen tiradas de precio. Otras hacen tiradas cortas con moldes de porcelana que acaban rompiéndose, pero en cambio estás seguro de que tu maqueta la tienen muy pocos, por eso también es más cara.

 El cliente, un poco agobiado, le responde:

 – No, si yo lo que quiero es algo sencillito para empezar, a ver si cojo la afición.

Y entonces Vicente, que ya ha cuadrado al toro, se explaya:

 – Pues el día que puedas, te pasas que tengo que darte un pequeña charlita, nada, diez minutos, para explicarte cómo tienes que lijar esto y cómo has de pintarlo. ¿Tienes papel de lija? Mira, esta es lija de agua, la mojas y suavecito le das. Eso sí, con mucho cuidado que si no, te la cargas. Deberías pasarte cuando puedas para que te lo explique. Es fácil, pero hay que explicarlo.

 El siguiente recibe una breve disertación sobre por qué no hay que pegar los transparentes de los aviones con pegamento normal sino con cola. Y al próximo le perdona un euro con treinta porque no tiene cambio (“Es igual, otro día cuando vengas ya me lo das”). El viajero, que tiene en la mano un semioruga 1/72 con cadenas de fotograbado también tiene su ración, aquí hay para todos:

 – Esta es cara, es que tiene las cadenas de fotograbado. ¿Ves esas piezas de metal? Eso hace que se encarezca el precio, por eso son 19 euros y no 10 o 12 como otras.”

 El viajero se siente aliviado al ver cómo Vicente cuida de su economía doméstica en los tiempos que corren. No hay duda de que Vicente si pudiera le haría también las maquetas a sus clientes, como la partera que se encargara de criar a los hijos que trae al mundo y como aquel librero de viejo que se retorcía ante la sola idea de tener que vender (y por tanto separarse) de alguno de sus preciados libros.

 Sólo por ver a Vicente y a Chusky el viajero sabe que volverá algún día a la tienda. Ojalá sea viernes por la tarde, momento de tertulia maqueteril, y tenga tiempo para escuchar al ilustre senado que, dicen, se congrega. No se lo perdería ni siquiera por comprar una maqueta.

Acerca de scalator

Modelista por temporadas, horas, ratos y humores. Pocos aciertos, menos currículo y muchas ganas de incordiar al complacido paisanaje. No me busques en redes sociales ni concursos. Tampoco vivo de esto. Estoy por casualidad y de paso, como todo(s).
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