De paso por tierras polacas, el viajero aprovechó la ocasión en Varsovia para darse una vuelta por Martola y Jadar, dos comercios muy conocidos dentro y fuera del país. Hizo unas fotos (ni buenas ni editadas como quisiera)  en recuerdo de esta excursión por el país de Copérnico.

Por la mañana se dio un paseo de media hora que le llevó a Martola atravesando el deshojado y pequeño parque Pole Mokotowskie, lleno de cuervos (o eso le parecieron) y bellísimos pájaros verdinegros del tamaño de gorriones que perdieron la vergüenza ante los seres humanos ya hace tiempo. La tienda está en un barrio residencial tranquilo, es pequeña y está atiborrada de personas y cosas, pero en perfecto estado de revista (las cosas).

El visitante no pudo bichear como le gusta porque los mostradores, situados en forma de U, no dejan ver todo lo que hay. De todas formas desde su puesto en la cola de espera (no para de entrar y salir personal) pudo otear bastantes cosas. Para orgullo patrio, lo primero que vio fueron pinturas de Vallejo y revistas de AK Interactive. También maquetas, muchas y varias. Tras unos minutos, el visitante reparó que conviene venir con la lista de la compra hecha de casa, cosa que dejó al albur en esta ocasión. Del interior de la tienda no dejaban de salir cuatro empleados, sin duda atendiendo los pedidos por internet, ya que comprobaban referencias y se volvían dentro con la mercancía seleccionada. El dueño es un tipo alto, bigotudo y melenudo, serio como él solo, muy amable, pero que debe tener la tienda completa en la cabeza, porque nunca titubea si tiene lo que se le pide. Siempre lo encuentra bien presto, como en un damero. Los precios que pudo ver son similares a los españoles, salvo los libros, las maquetas de marcas polacas, los fotograbados y las calcas. Todo lo de procedencia oriental suele encarecerse también aquí. Obviamente, adquirir productos líquidos o viscosos, muy grandes o pesados no renta si se viaja en avión. Respecto a los precios (lo poco que pudo comparar), le parecieron algo mejores en Martola que en Jadar, del que a continuación se pasa aviso.

Jadar tocó por la tarde. Es un decir, porque la tarde se marcha de Polonia alrededor de las 3:30 pm en diciembre y queda noche cerrada como boca de lobo. En Jadar el viajero se paró a hacer unas fotos de lo que pudo ver en la puerta, pese a la rasca que corría y al peligro de quedarse como una llave en pocos minutos. En el interior ni se acordó de hacerlas, bastante entretenido estaba.

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Jadar no es realmente Jadar, sino una librería grande y acogedora de todo tipo de libros, aunque tiene un apartado especialmente dedicado a publicaciones de interés para el modelista, casi todas en polaco y algunas (pocas) en inglés, como las que se aprecian arriba. La tienda do mora el auténtico Jadar la encontró el viajero en la planta superior. Allí, tampoco ve uno a Jadar hasta que no atraviesa otra librería, esta vez destinada a libros infantiles. Al final del recorrido topó el viajero con el dichoso Salon Modelarski que rezaba en la muestra callejera.

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En Jadar se puede bichear mucho mejor que en Martola. Es más amplio y los productos están al alcance de la mano. Hay casi de todo, en especial marcas del Este (no sólo polacas), revistas, manuales, herramientas, pinturas y unas figuras de resina de soldados a 1/72 y 1/35 que se vendían en bolsas sin etiquetar y que tenían muy buena pinta. A saber de dónde habrán salido. Jadar (apodemos así al encargado de este comercio) es un tipo más joven que Martola (llamémosle así al dueño anterior). Si Martola tiene coleta, Jadar es una bola de billar. Si Martola parece un rockero de la Ruta 66, Jadar viste pantalones pseudo-militares y botas del mismo cariz. Jadar es igualmente serio, pero su escudero tras el mostrador es más afable y atento. Se conoce que Jadar está más con la moda de algunos modelistas actuales (ver revistas y concursos) de ir vestidos de traje de cuartel sin haber hecho la mili. La cosa es jugar a soldaditos.

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Personal vio poco el viajero esa tarde, tan sólo unos coreanos jovencitos y muy entusiastas que allí quedaron cuando salió. Antes de la llegada de la comitiva asiática, el viajero, entretenido en los estantes, oyó una voz casi senil soltar una parrafada de la que sólo entendió figurki. Jadar entabló luego una animada conversación con un cliente polaco al otro lado del teléfono. El viajero captó kalkomanie y malowanie (pintura) y pensó que, después de todo, jamás se habría imaginado que algún día podría servirle algo de lo que intentó leer en aquellas instrucciones cutres del T-26 de Mirage Hobby una y otra vez sin entender casi nada. El viajero (ya lo sabía) pensó que en todas partes cuecen las mismas habas modelísticas, y que los tipos dedicados a esta afición pueden tener distintos idiomas, razas, religiones y talla de calzoncillos, pero que son de una misma pasta y hechura. Están tocados del ala, les falta un tornillo (a algunos más de uno) o viven matrimoniados con sus monomanías. El viajero le da a su conjetura un 99.9% de fiabilidad, que para eso es suya, lo que sobra hasta la centena lo deja para los pocos modelistas que conoció en sus cabales.

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No duraron mucho estas dos visitas, totalmente insospechadas hasta que el viajero decidiera de pronto despedir el cabo de 2019 en Polonia, así por las buenas, como el que va a por uvas. El viajero duda que alguna vez vuelva a darles otra vuelta al coletudo Martola y al calvorota Jadar, pero eso mismo pensó de otros lugares y regresó. Dejemos, también en esto, que el tiempo diga su verdad.♦