Una imagen que alguien puso un día en la moderna caja tonta de internet. Se tomó en una conocida tienda de Madrid, de la que excuso el nombre por no molestar indebidamente y sin beneficio.

Una de las cosas (deben ser centenares) que más molesta a un modelista es que zarpas ajenas le toquen sus maquetas por el gusto de mover una hélice, un cañón o una rueda para comprobar si aquello hace lo que parece. El modelista del común, y mucho más si es de los autointitulados “serios” o máster de la cosa, no entenderá nunca que haya colegas que las tocan (las maquetas) por el simple gusto infantiloide del toco mocho. Niños grandes. En los concursos suele haber de este tipo de fauna que aprovecha descuidos o ausencias para darle al manubrio lúdico. A mí me rompieron una bandera de un barco en el concurso de Alcalá de Guadaíra hace mil años, seguro que por hacerla ondear con el dedito. Ese apéndice debió ir a parar a otro sitio, entre las nalgas del propietario, por ejemplo. Siempre he sospechado de un tipo de la organización que por allí rondaba cuya pinta de Quasimodo le daba todas las credenciales de ser el autor de la fechoría. Vaya usted a saber. Y esto no es nada, hay a quien no sólo le han roto maquetas en concursos, sino que se las han birlado directamente. Me gusta, me la llevo del tirón. Vaya tropa. Con cosas así, los ilusos organizadores de concursos y eventos varios, que tanta tralla toman como dan, quedan como Cagancho en Almagro. Una gracia.

El autor de la maqueta de la foto debía estar ya cansado de que alguien le levantase el cañoncito o que la moviese por los raíles. Muy contento con ella tampoco se le ve, pues la califica directamente de “mierda”. Yo no la veo para tanto, pero él sabría. Eso sí, el hecho de que uno la considere una mierda, o piense que eso le parece a los demás, no da derecho a meter la mano donde no se debe. Además de fétida, la extremidad puede salir trasquilada. Diga usted que sí, un poco de dignidad y de a lo hecho, pecho. También se me ocurre que acaso el desafortunado modelista intentara conjurar las malditas extremidades ajenas aludiendo a la baja calidad del producto. Tan malo, que no merecía la pena ni tocarlo. No creo que, de ser así, consiguiese mucho porque los hay inasequibles al desaliento, como las olas del mar.