A12 Matilda II Infantry Tank


Carro británico de infantería
British infantry tank

 

 


DATOS TÉCNICOS TECHNICAL DATA
TIPO:Carro de infantería. TYPE:Infantry tank.
TRIPULANTES:4 CREW:4
ANCHURA:2’59 m. WIDTH: 8.6 ft.
LONGITUD:5’61 m. LENGTH:18.5 ft.
ALTURA:2’51 m. HEIGHT:8.3 ft.
PESO:26.926 kg. WEIGHT:59,360 lb.
MOTOR:Dos motores diésel AEC o Leyland de 6 cilindros de 95 caballos cada uno. ENGINE:Two AEC or Leyland diesel 6-cylinder engines developing 95hp each one.
AUTONOMÍA:256 Km.

RANGE:160 ml.

ARMAMENTO:

  • (Mk I) Un cañón de 40 mm., una ametralladora Vickers de 7’62 mm.
  • (Mk II) Un cañón de 40 mm., una ametralladora BESA de 7’92 mm.
  • (Mk II CS) Un obús de 76’2 mm., una ametralladora BESA de 7’92 mm.

ARMAMENT:

  • (Mk I) One 2pdr gun, one 0.303in Vickers machine-gun.
  • (Mk II) One 2pdr gun, one 7.92mm BESA machine-gun.
  • (Mk II CS) One 3in howitzer, one 7.92mm BESA machine-gun.
MUNICIÓN:

  • 40 mm.:93 proyectiles.
  • 7’92 mm.:2.925 proyectiles.

AMMO:

  • 2pdr.:93 rounds.
  • 7.92 mm.:2,925 rounds.
BLINDAJE:14-78 mm. ARMOR:0.55-3 in.
VELOCIDAD MÁX.:

  • Carretera:24 Km/h
  • Campo a través:12’8 Km/h.

MAX. SPEED:

  • Road:15 mph.
  • Cross-country:8 mph.
VERSIONES:16 VERSIONS:16
CONSTRUIDOS:2.987 BUILT:2,987

Cuando el carro Matilda I estaba aún en su fase de prototipo, el Ministerio de Guerra británico aún debatía si podría aumentarse su blindaje y armamento para así poder cumplir con una especificación revisada del Estado Mayor en la cual se daba por hecho de que un carro que apoyase a la infantería sólo sobreviviría en el campo de batalla si era capaz de resistir el fuego del armamento anticarro enemigo y a la vez poseer un armamento adecuado para atacar a la infantería enemiga, posiciones artilleras y carros. Esto supuso un cambio fundamental en el diseño de carros de infantería. Anteriormente se consideraba que las ametralladoras eran suficientes para tales cometidos, pero la solicitud del Alto Mando pedía la instalación de algún tipo de cañón y una torreta suficientemente grande para alojarlo. Inicialmente se pensó que al Matilda I (A11) se le podría instalar una torre con capacidad de dos tripulantes y un cañón de dos libras, pero pronto fue evidente que sería imposible de instalar dada la estrechez del casco, y en cualquier caso el peso de la misma hubiese sobrepasado el límite de peso del ya sobrecargado motor Ford, que tendría que ser reemplazado. Se pretendía mantener el peso del carro por debajo de las 14 toneladas (14.225 kg.), por lo cual el A11 no podría cumplir los requisitos mencionados y se decidió crear un carro nuevo.

El diseño fue confiado al Departamento de Diseño del Arsenal de Woolwich y en gran parte se basaba en el prototipo A7 de 1932. Se empleó la misma suspensión, adecuadamente reforzada, e idéntica planta motriz compuesta de dos motores diésel de uso civil. La solicitud de mayor blindaje implicaba que la mejor solución sería instalar una torreta y una plancha frontal de fundición, pero la industria británica de mediados de los años 30 poseía una capacidad muy limitada para fabricar grandes piezas de fundición, lo que restringía notablemente el abanico de empresas a las que encargarles tal cometido. Este hecho también supuso que los carros británicos siguieran empleando el remachado y la soldadura en cascos y torres mucho tiempo después de que otros países los empezaran a producir de fundición. Con todo, el contrato del Matilda II fue otorgado a Vulcan Founfry de Warrington en noviembre de 1936, que fabricó una répilica de madera en abril de 1937. Pasó otro año antes de que otro modelo de prueba (esta vez de acero dulce) estuviese listo debido al retraso ocasionado por el suministro de la caja de cambios Wilson. Las pruebas con este modelo tuvieron lugar a lo largo de 1938, pero se realizó un pedido de 65 carros antes incluso de que se terminase el modelo de pruebas, y al poco tiempo se aumentó el pedido inicial a 100 ejemplares adicionales. Afortunadamente las pruebas demostraron que el diseño resultó ser satisfactorio, realizándose tan sólo pequeños cambios en la suspensión y en la refrigeración del motor.

El rearme comenzó de hecho a lo largo de 1938 y la falta de carros de combate resultaba acuciante, por lo que se realizaron nuevos pedidos, demasiados para lo que Vulcan era capaz de producir. Se recabó la ayuda de otros fabricantes, y así se otorgaron contratos también a Fowler, Ruston & Hornsby, LMS Railway Works, Harland & Wolff y North British Locomotive Works. Vulcan fue el contratista principal y llevó a cabo la mayor parte de los trabajos de fundición. El Matilda no resultó fácil de fabricar en masa principalmente debido a sus componentes de fundición, cuyo diseño resultaba muy difícil de replicar. Por algún motivo los faldones laterales eran de una pieza, lo cual implicaba otra gran pieza de fundición, aunque sí se logró facilitar la producción reduciendo de seis a cinco el número de expulsores de barro laterales. En septiembre de 1939 tan sólo había dos Matildas en servicio, pero para la primavera de 1940 al menos un batallón (El 7º Regimiento Real de Carros) estaba totalmente equipado con ellos, participando activamente en la retirada de Dunkerque y los posteriores combates en torno a su puerto. A su vez, varias unidades destinadas en Egipto lo había recibido y empleado en las primeras campañas contra los italianos.

Tras Dunkerque la fabricación del Matilda I fue abandonada y el Matilda II se convirtió en el auténtico Matilda, cuyo nombre se hizo famoso durante el resto de la guerra. En Libia durante 1940 y 1941 el Matilda resultaba prácticamente inmune ante cualquier armamento anticarro o carro de combate que los italianos lograsen desplegar. Esta feliz situación continuó hasta aproximadamente mediados de 1941 cuando las primeras unidades alemanas del Afrika Korps pusieron sus cañones Flak de 8’8 cm. en acción como armas anticarro. Este arma podía poner fuera de combate a un Matilda a distancias superiores al alcance de su cañón de 2 libras y el Matilda comenzó a palidecer en el campo de batalla. Los intentos de mejorar su armamento mediante la instalación de un cañón de 6 libras terminaron fracasando debido a que el anillo de la torre era demasiado pequeño para contener un cañón mayor, por ello el Matilda fue empleado como carro de combate por última vez en la primera batalla de El Alamein en julio de 1942.

El Matilda era un carro británico convencional dotado de los tres compartimientos habituales en su casco, donde el conductor se sentaba en posición centrada tras el blindaje frontal. No poseía ametralladora en el frontal, lo que lo hacía diferente a otros carros coetáneos, pero resultaba razonable, ya que rara vez era efectiva en combate. La pesada torre de fundición era pequeña, y sus tres ocupantes iban apretados. En su versión de apoyo cercano (CS) dotada de un obús de 3 pulgadas el espacio resultaba aún menor. El comandante poseía un cúpula circular que le daba sólo una visión limitada y dicha mala visión perimetral era sin duda lo peor del carro, aunque no resultaba peor que en otros modelos de la época. La torre giraba hidráulicamente y fue la primera en emplear el sistema desarrollado por la Compañía Fraser Nash, que también ideó los controles de giro que movían las torretas de aviones. La munición consistía en unos 67 proyectiles de 2 libras y 4.000 de 7’62 mm.

Los dos motores gemelos AEC iban acoplados y conectados a una caja de cambios epicicloidal Wilson y a las ruedas tractoras traseras. La suspensión derivaba del A7 y era conocida como de tipo “tijeras” o “japonesa”. Se originó ya con el carro Vickers Medio C, aunque un modelo similar también fue empleada en carros franceses de los años 20 y 30. Consistía en un par de carretones unidos que funcionaban mediante amortiguadores horizontales. Cada carretón poseía cuatro ruedas, dispuestos en parejas de modo que por cada punto de suspensión había cuatro pares de ruedas, dos piezas de unión y dos amortiguadores. Todo el conjunto se apoyaba en un brazo vertical unido al casco. A cada lado poseía dos de estas unidades completas, una unidad de cuatro ruedas y una gran rueda tensora frontal. Las cadenas se desplazaban hacia atrás mediante rodillos de retorno localizados en la parte superior de los faldones laterales. Esta disposición aparentemente complicada funcionaba bien, aunque inevitablemente limitaba la velocidad punta. Los Matilda Mk III y posteriores incorporaron motores Leyland diésel que les proporcionaban algo más de potencia y que fueron fabricados en mayor número que los AEC. El Mk V llevaba un servo auxiliar sobre la caja de cambios que facilitaba el cambio de marchas, pero aparte de estas modificaciones menores, el Matilda se conservó tal y como fue inicialmente diseñado.

Hasta la primera batalla de El Alamein el Matilda se había ganado el ostentoso título de “Reina del campo de batalla”. Tras El Alamein quedó claro que el modelo estaba más que superado, y fue reemplazado por cantidades cada vez más grandes de Grant y Sherman. El problema fue qué hacer con los Matildas, la mayoría de los cuales aún estaba en buenas condiciones. Su grueso blindaje y protección los hacía ideales como vehículos para tareas especializadas, siendo de hecho el primer carro británico en ser dotado de equipo de desminado, algunos de los cuales fueron empleados en El Alamein. A este modelo le siguieron otros dotados de un gran número de dispositivos tales como rodillos antiminas, grandes cargas de demolición, lanzapuentes, palas, Canal Defense Lights (CDL) para iluminar el campo de batalla de noche, o lanzallamas. Uno fue incluso ensayado como vehículo experimental radiocontrolado.

Los Matilda fueron suministrados al ejército australiano, que loe empleó en el Pacífico y aún los tenía en servicio para entrenar conductores en 1953. Los australianos pusieron especial interés en desarrollar modelos lanzallamas que les resultaban muy útiles contra las posiciones de la infantería japonesa en la jungla, empleándose también una versión con pala excavadora en aquel teatro de operaciones, esencialmente para mejorar los caminos destinados a los vehículos de ruedas que seguían a los carros. Algunos Matilda llegaron a Rusia, donde se apreció su gran blindaje, pero como ocurrió con el Churchill más tarde, el cañón de 2 libras era considerado inútil. Algunos informes resaltaron así mismo que la suspensión quedaba atascada con la nieve invernal, si bien los rusos no eran muy propensos a informar sobre el equipo que se les suministraba. También fueron empleados algunos ejemplares por los alemanes en el Norte de África con la denominación Infanterie Panzerkampfwagen Mk.II 748(e), todos ellos capturados tras la Operación Battleaxe en 1941.

Tras cuatro o cinco años de servicio ininterrumpido los Matilda quedaron desgastados y no merecía la pena reconstruirlos. Algunos pocos aún estaban en servicio al final de la guerra, pero ya no como carros de combate. Con todo, el Matilda bien puede presumir de ser el único carro británico en uso a lo largo de toda la Segunda Guerra Mundial y muy pocos carros de cualquier nacionalidad pueden acercarse a esta marca.



When the Matilda I was still in the prototype stage the War Office was already debating whether it could be up-armoured and up-gunned to meet a revised General Staff specification which said in effect that if tanks were to survive while supporting infantry on foot they had to be able to withstand the fire of anti-tank guns, yet carry sufficiently heavy armament to cope with enemy infantry, gun positions and tanks. This brought about a fundamental change in approach to the design of infantry tanks. Previously it had been considered that machine-guns were sufficient armament, but the new specification required some sort of shell-firing gun, and a large enough turret in which to put it. At first it was thought that Matilda I (A11) could be given a two-man turret and a 2pdr gun, but it was soon apparent that there was no hope of this within the narrow hull limits, and in any case the weight of the turret would have defeated the already overloaded Ford engine and another would have to be fitted. The weight of the tank was intended to be kept down to 14 tons (14,225 kg.), and the A11 could not possibly meet it with the changes already mentioned, so a new design was called for.

This new tank was entrusted to the Design Department at Woolwich Arsenal and was largely based on the prototype A7 of 1932. The same suspension was used, suitably strengthened, and the same powerplant of twin commercial diesels was put in. The requirement for thick armour meant that a cast turret and bow plate would be the most satisfactory solution, but British industry in the mid-1930s had only a very limited capacity for large castings, and this severely restricted the firms which could be given contracts for this work. It also meant that riveted and welded hulls and turrets were retained on British tanks long after other countries had gone over to castings. However, the contract for Matilda II was given to Vulcan Foundry of Warrington in November 1936 and they produced a wooden mock-up by April 1937. Another year elapsed before the pilot model (made in mild steel) was ready, the delay mainly being occasioned by difficulties in the supply of the Wilson gearbox. Trials with this model were carried out during 1938, but an initial order for 65 tanks was given even before the pilot model appeared, and shortly afterwards this was increased by a further 100. Luckily the trials showed the design to be satisfactory, the only changes being minor ones to the suspension and engine cooling.

Re-armament started in earnest during 1938 and tanks were in desperately short supply, so further orders were given, which were more than Vulcan could manage. Other firms were called in, and contracts were let to Fowler, Ruston & Hornsby, LMS Railway Works, Harland & Wolff and North British Locomotive Works. Vulcan were the main contractor, and undertook most of the casting work. The Matilda was not easy to put into mass production mainly because of the castings, and certain features of the design were quite difficult. For some reason the side skirts were in one piece, involving another large casting, and an immediate easement to production was to reduce the number of mud chutes from six to five. By September 1939 only two Matildas were in service, but by the spring of 1940 at least one battalion (7th Royal Tank Regiment) was equipped and the tank gave a good account of itself in the retreat to Dunkirk and the subsequent fighting around the port. At the same time several units in Egypt had received it, and used it in the early campaigns against the Italians.

After Dunkirk the Matilda I was dropped altogether and the Matilda II became the true Matilda, by which name it was known for the rest of the war. In Lybia in 1940 and 1941 the Matilda was virtually immune to any anti-tank gun or tank that the Italians could deploy. This happy state of affairs continued until about mid-1941 when the first units of the German Afrika Korps appeared and brought their 8.8cm Flak guns into action in the ground role against tanks. This gun could knock out the Matildas at ranges beyond the 2pdr’s ability to reply, and the Matilda began to fade from the battle. Attempts to up-gun it to carry a 6pdr were failures because the turret ring was too small to take a larger gun, and the last action when Matilda was used as a gun tank was the first battle of El Alamein in July 1942.

The Matilda was a conventional British tank with the usual three compartments in the hull, the driver sitting centrally behind the nose plate. There was no hull gun, an unusual departure for the time, but sensible, for they were rarely effective in battle. The heavy cast turret was small, and the three men in it were cramped. In the CS version with a 3in howitzer, space was even scarcer. The commander had a circular cupola, but it gave him only limited vision and this lack of good vision was the worst feature of the vehicle, though it was no worse than many other designs of the time. The turret was rotated by hydraulic power, and was one of the first to use the system developed by the Fraser Nash Company, who also developed the turret controls for aircraft. Some 67 rounds of 2pdr and 4,000 of 0.303in ammunition were carried.

The twin AEC diesels were coupled together and drove to a Wilson epicyclic gearbox and a rear-sprocket. The suspension was derived from the A7 and was either known as the “scissors” or “Japanese” type. It originated with the Vickers Medium C, though a similar type also appeared on the French tanks of the 1920s and 1930s. It consisted of sets of bogies linked together and working against horizontal compressing springs. Each bogie had four rollers, arranged in pairs so that to each suspension point there were four pairs of rollers, two links units, and two springs. The whole was supported by one vertical bracket attached to the hull. On each side there were two of these complete units, one four-roller unit and one large road wheel at the front. The track ran back along return rollers at the top of the side skirt. This apparently complicated arrangement worked well, though it inevitably limited the top speed. Mk III Matildas, and later marks, were fitted with Leyland diesels which gave slightly more power and were made in larger numbers than the AECs. The Mk V fitted an air servo on top of the gearbox to ease gear changing, but apart from these minor modifications, the Matilda stayed very much as it had been designed.

Up to the first battle of El Alamein the Matilda had gained the somewhat high-blown title of “Queen of the Battlefield”. After El Alamein it was clear that the type was well past its best, and it was replaced by the increasing quantities of Grants and Shermans. The problem was to know what to do with the Matildas, most of which were still in good running order. The thick armour and reasonable protection made it an attractive vehicle of special applications, and it was the first British tank to be equipped with a mine-clearer, some of which were used in El Alamein. This was followed by a host of other devices, including anti-mine rollers, large demolition charges, bridge-layers, dozer blades, Canal Defense Lights (CDL) to illuminate the battlefields at night and flamethrowers. One was even used as an experimental radio-controlled vehicle.

Matildas were supplied to the Australian Army, which used them in the Pacific campaign and still had it in service for driver training as late as 1953. The Australians paid particular attention to developing flamethrowing variants which were useful against Japanese infantry positions in the jungle, and a dozer version was also frequently used in that theatre, mainly to improve tracks for wheeled vehicles to follow the tanks. Some Matildas went to Russia, where the thickness of armour was admired, but as in the Churchill later on, the 2pdr was dismissed as nearly useless. There are also some reports that the suspension clogged in the winter snow, though the Russians were not particularly communicative about the equipment provided to them. A numer of them wwas also used by the Germans in North Africa under the designation Infanterie Panzerkampfwagen Mk.II 748(e), all of them had been captured after Operation Battleaxe in 1941.

After four or five years of continuous use the Matildas were worn out, and it was not worth rebuilding them. A few were still in service at the end of the war, though not as gun tanks. However, the Matilda can claim to be the only British tank which served right through World War II and there are very few others that can approach the record, whatever their nationality.


FUENTES Y REFERENCIA – SOURCES & REFERENCE

David Miller, The Illustrated Directory of Tanks of the World, Greenwhich Editions, 2001.

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