En Hobby Sur

A Hobby Sur voy por temporadas, más que nada porque me pilla a trasmano, aunque en ocasiones voy expresamente porque siempre sé que encontraré un soplo de vida cotidiana en cada rincón. Conocí la tienda hace muchísimos años, puede que más de 30, cuando también iba con los amigotes aficionados al radiocontrol de los que escribí en una entrada anterior.

Por entonces era una tienda espaciosa, muy bien iluminada que atendía un señor mayor con gafas que se asomaba al mostrador situado al fondo. Maquetas no recuerdo, seguro que las habría, pero tenía cantidad de cachivaches para el radiocontrol (motores, hélices, etc.)  en estantes modernos a lo largo de tres extensas paredes. Recuerdo mejor los listones y tablas de balsa ordenados por grosores y longitudes a la izquierda, según se entra. Eso es lo que recuerdo, pero mis recuerdos no tienen que coincidir con lo que fue realidad. Es una imagen que tengo grabada en la memoria, pero bien podría estar deformada. Más de tres décadas en ocasiones son demasiadas para los fotogramas de una vida.

El Hobby Sur de hoy es distinto, más pequeño, peor iluminado (falla un fluorescente del centro, se enciende y apaga como en una discoteca, y chisporrotea quejándose) y, sin embargo, a mí me gusta más. Me gusta la proximidad del personal que atiende, Antonio y familia, y la del que entra, gente del barrio que a veces simplemente se da una vuelta para charlar de cosas cotidianas o echar un pitillo dentro, porque aquí no han llegado aún las pejigueras de ese personal que aulla por tragarse el humo del tabaco ajeno y aceptan de buen grado el del tráfico a todas horas. Cuando al personal le da por ponerse estupendo, suele joder la marrana a los demás, además de hacer el tonto más de lo necesario. España, país de extremistas y noveleros, es así.

El negocio, como todos, lucha por la supervivencia. El radiocontrol da juego gracias a que parte de la tienda es también taller de reparaciones y vienen chavales, especialmente por la tarde, que traen a recomponer sus bólidos cascados. También hay planeadores de formas futuristas en recias cajas enormes en altas estanterías que a veces encuentran comprador. Maquetas hubo muchas en tiempos, ahora hay menos. Cada vez que voy compruebo que van cediendo el espacio conquistado durante años a otras aficiones: puzzles, figuras, slot, automóviles. Queda aún un reducto donde se han hecho fuertes algunos aviones de Hasegawa antiguos y HobbyBoss nuevos, liderados por una antiquísima Special Hobby que siempre está allí, oscura y destartalada, como un general Custer con sus últimos fieles en pie. Las Italeri también van menguando, cuando no ha mucho eran casi legión en largas pilas. Ahora están al borde de la extinción. Los carros pequeños tienen bien defendida su posición y más que disminuir, parece que aumentan a cada visita. Sin embargo sus hermanos de escala mayor han cedido mucho terreno también.

Entro, saludo, vagabundeo un poco y me entretengo mirando unas figuras de saldo. Casi sin darme cuenta, algo se acerca y me roza los tobillos. Es una perrilla minúscula que temo pisar al menor movimiento en falso. Me dicen que se llama Berta mientras el animal se desvive haciéndome fiestas e invitándome a jugar. La acaricio y de inmediato aparece otra similar, pero algo más grande (sólo un poco) que la imita.

-¿Y esta? Son iguales a diferente escala.

– Es Paca, la madre.

– Con razón.

Da gusto verlas retozar mansamente por la tienda, mientras juegan. Entra un señor mayor y se sienta un rato con la enana en el regazo acariciándola. Se conoce que es de confianza. Antonio va de aquí para allá. Entra, sale, enciende un cigarrillo, lo deja en el cenicero, vuelve a entrar, atiende tras un mostrador con muchas muescas de otros tiempos. La radio comercial se oye a todas horas por el hilo musical, es el contrapunto a la vida que va pasando por debajo, pegada al suelo de los quehaceres humanos.

En la tienda la mañana y la tarde sevillanas tienen su público y su afición, como Joselito el Gallo y Juan Belmonte, o el Betis y el Sevilla. Modelistas sólo he encontrado los sábados por la mañana, mientras que las tardes están más reservadas a los representantes y a la chavalería apasionada por la velocidad y la mecánica. La mañana parece que es más del vecindario mayor, que sale y se pasa a echar una parrafada o dar un recado.

Jamás dejaré de llegarme a Hobby Sur de cuando en cuando. Aunque no haya maquetas ni pinturas, aunque ya no vendan pegamentos o cuchillas. Me gusta la tienda y su gente tal como es. Me conformaría con sentarme en un rincón y,  si tuviese el talento de un Dickens, un Dickens sureño, dibujar con palabras la vida que sigue colándose bajo la puerta cada día.♦

Acerca de scalator

Modelista por temporadas, horas, ratos y humores. Pocos aciertos, menos currículo y muchas ganas de incordiar al complacido paisanaje. No me busques en redes sociales ni concursos. Tampoco vivo de esto. Estoy por casualidad y de paso, como todo(s).
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