Vanidad, maldito tesoro

vice&virtue

Un frío y recién llovido día de invierno, alguien en una reunión se me presentó así mientras me alargaba su mano regordeta:

Hola, soy Fulano. Me conocerás por mi maqueta, un X, publicada en el último número de Euromodelismo. ¿Tienes la revista?

Servidor, sin experiencia por entonces en la esgrima oral, sin saber bien qué decir y aturdido ante la avalancha de egolatría, mintió:

Ah, sí, lo recuerdo. Pues está muy bien. Me gustó mucho.

Así muestra sus credenciales Mister Vanidoso, con la osadía que da el creerse el donfigura del orbe mundo. Yo tenía que haber visto su maqueta en la revista, qué menos. Y desde luego reconocer al instante a su autor, qué te has creido, boquerón. Fue una toma de contacto, digamos que para poner las cosas en su sitio sin que nadie se lo pidiera (se lo pediría él a sí mismo en todo caso). Después, reflexionando sobre eso, no me molestó, más bien sentí vergüenza ajena.

El menester del modelista es de suyo solitario. Muchas horas al pie del cañón con dudas, vueltas atrás, errores de variado tipo y la lucha consigo mismo (y con los demás si padece el mal de la concursitis), pueden volverlo inseguro, desconfiado, agrio. Si hay además otros problemas personales de por medio, se reflejan automáticamente en el negociado modelístico. Cuando algo le sale bien, o muy bien, hay que hacer valer el trabajo y reivindicarse ante los otros. La vanidad, como la envidia o la amistad carece de sentido sin los demás. Nadie se tiene envidia a sí mismo ni gallea en solitario. Es comprensible un cierto orgullo por la finalización de una maqueta que, por mala que sea, pueda haber supuesto algún tipo de reto personal o por el aplauso sincero porque a la concurrencia (real/ virtual) le haya gustado eso que has hecho, por ejemplo. Es menos lógico y hasta enfermizo esperar la loa y las flores ajenas porque sí, porque soy yo y porque tengo piñones pero tú no los comes. Tengo comprobado que la vanidad suele empeorar con la edad, otro “bonito” regalo que trae el tiempo, además de la artritis y la vista cansada. Pero el tiempo, si no eres lerdo, también puede traer cosas buenas, como la medicina que aplicar a los vanidosos.

Algunos se cantan su propio Magnificat hasta por correo electrónico. En cierta ocasión, hace varios años, un modelista de Madrid al que había comprado una maqueta y me pidió que le confirmase la llegada del paquete, aprovechó para escribirme lo siguiente:

Hola Jesús. […] Espero que disfrutes de la maqueta, aunque está empezada, pero muy poco. Sólo pegué dos piezas. Observarás la limpieza del montaje. Recuerdo hace tiempo, cuando había concurso aquí en Madrid, que ganaba todos los años el oro en carros […].

Bueno, está bien eso de que ganara en carros cada año, pero… ¿a mí qué me importaba si sólo le había comprado una maqueta que vendía? ¿Era necesario mencionarlo? Pues se ve que sí porque ¿y el gustirrinín de restregar los oropeles al prójimo? Qué vaina, como decimos por el sur.

Otros vainas echan egos menesterosos a pasear por concursos y foros. La diferencia está en que en los primeros el contacto es directo y se ve la reacción del personal ante el lustre propio, y en los segundos la satisfacción es diferida, mediata, el vaina sabe que se ve y lee lo suyo, pero sólo está seguro de saciar su sed de aplauso si los demás concurrentes le aplauden cuando le contestan. Los demás tampoco sabemos (desgraciadamente) la cara que pone cuando son pocos  los que lo hacen o no lo hacen como él quiere (usando adjetivos del tipo “soberbio”, “espectacular” y de ahí para arriba). En los foros, el vaina suele colocar su mensaje y esperar un día o dos para dar tiempo al personal (que en ocasiones es sincero y en otras se ve que se deja llevar por el viva Cartagena) a que coja los instrumentos y le toque una marcha gloriosa en honor de su real ombligo. Si el vaina no logra lo que quiere y como lo quiere, dejará de usar ese foro de paletos ignorantes (habráse visto, elogiar más la maqueta de Mengano que la mía) y se buscará otro donde el nivel del personal sea menor y por tanto los elogios mayores. Fácil.

El vaina concursero se planta de piernas abiertas en algún ángulo bien visible de la sala y discursea entre dos o tres pobres papanatas que le oyen extasiados su explicación de cómo le hizo los enganches a la torreta del Tiger que está en la vitrina, justo allí al ladito, claro, para que se sepa que es el suyo, que aquí hay mucha porquería y no es oro (precisamente oro) todo lo que reluce. Hay que saber distinguir, no se equivoquen. Así ví a uno hace años en el concurso de Almería.

¿Véis? Este Tiger [el de otro concursante, claro] tiene los enganches de la torreta mal puestos, no están en su sitio. Tenía que haberlos puesto como en el mío.

El vaina forero, además de poner tropecientas imágenes de la maqueta en fase de montaje casi pieza por pieza y no digamos de la maqueta pintada, ataca la faena, por ejemplo, con un:

Este avión/carro [táchese lo que no proceda] va completamente remachado y le he puesto nanocientas mejoras. Me gustan los camuflajes difíciles, no los aviones/carros de un sólo color [aquí omite “como otros pringaos“][…] Ahora llevo cuatro maquetas en marcha […].

La vanidad del modelista vanidoso, como la de cualquier otra criatura, tiene difícil remedio porque la cura está en él mismo y no corregirá su vicio mientras el orfeón no deje de hacerle el pasillo. Para ayudarle, el tiempo me ha enseñado que lo mejor que se puede hacer es ignorarlo olímpicamente si la petición de flores es por escrito, y poner cara de póker cuando la demanda es oral. Sin reacción alguna a favor/en contra, pronto se buscará algún otro al que darle la tabarra de los laureles. Así coopero para que al menos su vicio no empeore.♦

Acerca de scalator

Modelista por temporadas, horas, ratos y humores. Pocos aciertos, menos currículo y muchas ganas de incordiar al complacido paisanaje. No me busques en redes sociales ni concursos. Tampoco vivo de esto. Estoy por casualidad y de paso, como todo(s).
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