Pulp Fiction [2]

Portada de Male de octubre de 1958. El mundo ha cambiado y en ese momento se cuentan historias truculentas con espías del Kremlim como fondo, pero para dar vigor patrio al público, no se echan en saco roto otras historias pasadas de la guerra mundial, como la de aquel yanqui que mantuvo en alto el pabellón pese a la catastrófica caída de Singapur. Él solo vale por un ejército, qué tío.pulpfiction-bEl último yanqui en Singapur y sus damas descalzas. La escena no puede ser más complicada. El yanqui sale de naja en una balsa de bambú, ingeniosamente dotada de paletas a popa que se mueven mediante la tracción trasera del coche. No sólo escapa con las cinco últimas beldades para él solo, sino que además se lleva el coche y la gasolina para el invento. Se entiende el cabreo de los nipones allá a lo lejos. El peligro, la muerte y la sensualidad, la delgada línea que separa el placer del dolor, siempre corren parejos en muchas de estas portadas. Al héroe se le supone buen gusto, no hay ninguna descalza fea y además hay donde escoger: rubia, pelirroja y morenas. Las occidentales vestidas a su usanza (menos ropa sería ya un descoque) y las orientales a la suya, que con el calor que hace por esos pagos, ¿a qué complicarse?. Las orientales son sumisas y tímidas, pero las occidentales hay están, valientes, activas y de armas tomar, nunca mejor dicho. Curioso también el vehículo enemigo en lontananza, parece enteramente un semioruga M3,  ¿sería capturado?.

Bajo el título de esta emocionante historia se lee: Resistiendo con cinco chicas de fiesta, mantuvo vivas las esperanzas de una victoria Aliada en el Sureste Asiático… ¿No quedamos que eran damas descalzas en lugar de chicas de fiesta? ¿No era que resistía en lugar de huir como es evidente? Da igual, ¿quién quiere lógica cuando se trata de pasar el rato?. Anda que si el yanqui no hubiese sido tan ignaro y hubiese leído este número de Male, le da la vuelta a la balsa y gana la guerra él solo.♦

Acerca de scalator

Modelista por temporadas, horas, ratos y humores. Pocos aciertos, menos currículo y muchas ganas de incordiar al complacido paisanaje. No me busques en redes sociales ni concursos. Tampoco vivo de esto. Estoy por casualidad y de paso, como todo(s).
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