Vehículos del R.I.MT. Palma Nº 47


Una vieja foto que alguien metió en la caja tonta de internet tomada en los talleres del Regimiento de Infantería Motorizable (que no Motorizada) Palma 47. No soy ninguno de la foto, así que quien me conozca perderá el tiempo buscando parecidos, ni siquiera estos chavales eran compañeros míos. Los que no han hecho la mili nunca sabrán a ciencia cierta lo malo que se han ahorrado ni tampoco, desgraciadamente para ellos,  lo bueno que se han perdido por mucho que se lo cuenten. La mili es más o menos la misma película que miles han visto y cada cual narra a su manera.

En el Palma 47 había que dejar la cordura y la sensatez colgadas en la puerta antes de entrar. No es que fuese una casa de locos, pero aquello funcionaba mediante una lógica interna imposible de entender para los de fuera. En la compañía había hilo musical de Los 40 Principales (un tostón) y tele para ver la Eurocopa pero a la vez todavía colgaba en el rellano de la escalera un párrafo del último mensaje de Franco a los españoles (se lo podía haber ahorrado, maldito el caso que le hacemos a nadie aquí). Si bien el capitán (un cigüeño señorito) y la mayoría de mandos eran unos perfectos inútiles, tuve la suerte de ser instruido por el Teniente Boo Santas, un auténtico militar de los pies a la cabeza, y conocí al Sargento Cañadas, [“Conmigo, que bien, bien. Que no… Os puuutearé a mueddte“] duro y con mala uva pero justo, al que siempre le tocaba desactivar las granadas de mano sin estallar, una putada. La inmensa mayoría del Batallón Filipinas, a qué negarlo, éramos carne de cañón. Si hubiese habido un conflicto, no hubiesen pasado de una docenita (tirando por largo) los supervivientes al primer encuentro serio: algunos sargentos más jóvenes y algunos de la C.O.E. que se pasaban el día pegando barrigazos en todas las posturas y maneras. No es cuestión de heroismo, es simple selección natural, sólo los más capacitados sobreviven.

Ahí están los Dodge WC del Regimiento. A su lado también había algunos Willys y tres o cuatro camiones GMC con el techo de la cabina redondeado, idénticos a los que aparecen en fotos del Día D. Era divertido cuando te llevaban a dar una vuelta en los Willys camino del polvorín o a la cocina. Lástima haber dejado el modelismo por entonces y que la fotografía no fuese lo que es hoy día. Los reportajes de estos cacharros podrían haber sido jugosos. Con todo, no eran más que desechos americanos de la Guerra Mundial o Corea que España aceptó de buena gana a cambio del inmenso honor de ser el “Vigía de Occidente”, ese oteador que tiene ahora el catalejo en la casa de empeños, los pantalones en los tobillos y la vergüenza bajo mínimos. Pensándolo en perspectiva, la odiada mili era de los pocos elementos cohesionadores que quedaban en Expaña, uno se entendía con tipos de cualquier lado sin distinción y eso ayudaba a aliviar la catetez provinciano-autonómica. Lo que queda de aquello sólo se circunscribe hoy marginalmente al mundo del deporte.

Palma 47 para lo malo y lo bueno fue mi regimiento. Procuro no olvidar que fui y quiero seguir siendo en todo de Infantería, la que pasa por la vida a pie y sin dinero como decía Cela.♦

Acerca de scalator

Modelista por temporadas, horas, ratos y humores. Pocos aciertos, menos currículo y muchas ganas de incordiar al complacido paisanaje. No me busques en redes sociales ni concursos. Tampoco vivo de esto. Estoy por casualidad y de paso, como todo(s).
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